EL ALMA DE LOS LUGARES

“…En la antigua Grecia, lugares como encrucijadas, manantiales, pozos, bosques y similares, tenían cualidades y personificaciones específicas: dioses, demonios, ninfas, daimones, y si uno no se percataba de todo esto, era descuidado con las figuras que vivían en una encrucijada o un bosque, si era insensible a los lugares, corría un grave peligro. Uno podía ser poseído por ellas. Consideremos, por ejemplo, la ninfolepsia: las ninfas o Pan podían dominar al viajero. Por lo tanto, uno debía ser consciente de lo que acontecía, de qué espíritu, qué sensibilidad, qué imaginación presidía un lugar en particular, o cómo la psique, el alma, correspondía al lugar donde uno se encontraba

…Es importante tomar conciencia de lo que los lugares “contenían”, tenían-dentro, de qué los in-habitaba. Cada lugar tenía una calidad íntima y peculiar. Este en, la interioridad del lugar es el alma del lugar “

James Hillman, Carlo Truppi, “L’anima dei luoghi”, ed. Rizzoli